Aloha!
El solo hecho de existir nos hace seres maravillosos con nuestras virtudes y pecados.
Siempre suyo,
DC
DC
- DC
- Diplomático, analista, escritor, amante de la vida y luchador por naturaleza. La palabra debe anteceder al acto; y con esta, abrirle los ojos a muchos que aún duermen estando despiertos... Dios ante todo lo ya mencionado.
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Todo es todo y nada es nada
Su bodega nunca tuvo años de gloria ni días dorados, y las escasas provisiones que quedaban habían aguantado el último aguacero que acabó con el cielo raso amarillento cubierto por hojas de zinc oxidado. Solo los enlatados sobrevivieron y uno que otro tipo de vianda, todo se había ido con la crecida del rio provocada por ese mal tiempo.
-Mudémonos de aquí. Que de esto no sacas nada, solo estas esperando que un día cuando estemos todos dormidos se meta en rio a la casa y nos lleve pa’casa del carajo.- le decía la mujer desesperada, con los niños mirando con ojos de susto y sofoque.
-Tú no sabes nada. ¿Cuánto tiempo tenemos viviendo aquí? ¿Te ha faltado comida en la mesa? Nunca. Pues si no sabes de lo que estás hablando mejor no opines.- Decía Simón tercamente.
Como hombre de la casa y proveedor de alimentos no se le podía cuestionar, ni siquiera señalar en caso de alguna falta. La correa y el palo caracterizaban la disciplina de los menores y la mujer aunque no era abusada físicamente si sufría de atropellos morales y censura. Chapados a la antigua pero no pasaban hambre, que al parecer era lo único que importaba. Pero la hora cero se acercaba, todos estaban reclamando el cambio; salir de ese campo y mudarse a la ciudad, petición que era difícil de cumplir cuando eres casi un cacique de tu comunidad y le vende los alimentos a la mayoría de los habitantes. Don Simón y su imperio en decadencia…
Alerta Naranja para la zona este del país en esos días en que los fenómenos atmosféricos estaban de parranda en el Caribe. Aunque todos le decían a Simón que se fuera, que él ya estaba muy viejo para este tipo de corre-corre. De aquí no me saca ni el Diablo, era lo único que decía.
Son las 4 AM según ese reloj veterano de guerras domesticas, grasiento ubicado en el comedor. Y la gente comienza a correr y a tocarle la puerta en histeria:
-¡Don Simón salga!, ¡El rio se esta metiendo!
-¡Va por la loma!
Don Simón solo pensaba en las estupideces de las personas que le rodeaban, como si nunca hubiesen visto tal escenario. Seguía acostado y su mujer rogándole que se levantara y salieran como todo el mundo.
Hastiado de la debilidad de todos se paró de la cama y dijo:
-Si quieren váyanse ustedes, yo me quedo aquí aunque el agua llegue al techo.
-Bueno Simón yo me voy y los muchachos se van conmigo- Dice Beatriz (La esposa) desesperada.
-Te vas tú, pero ellos son dos hombres y se quedan conmigo, anda y corre con los demás antes de que me vuelvas loco. ¡Ustedes dos se quedan conmigo carajo!
Los dos muchachos eran adolescentes, pero eran tratados como adultos y tenían que trabajar en la bodega. Ellos no tenían ni voz ni voto, imagínense: Habló el hombre, lo único que queda es tragar en seco y aguantar como machos.
Ella se fue confiando en que todo estaría bien y se los encomendó a Dios, pero ella no se iba a quedar. La gente seguía insistiendo en que Simón debía salir sin ningún éxito.
-Beatriz la pobre está loca, como que nunca ha visto esto antes, el río se mete aquí pero de los tobillos no pasa. ¿Que ella espera? ¿Acaso no vive cerca del rio? Ni siquiera estamos a la orilla. Eso tiene que subir una buena loma para causar daño. Feo están los que viven allá abajo. Pero si ella es feliz así déjenla tranquila- Le decía Simón a los dos jóvenes que permanecían callados sin opinar.
Pasó una hora y la gente seguía dando vueltas en el mismo lugar, alimentando el morbo y la controversia, pero el río no estaba jugando.
-¡Ya subió la loma!- Gritó el pastor de la única iglesia protestante de la zona.
Evangélicos, católicos, ateos y satánicos se juntaron en el punto más alto del pueblito, si el agua llegaba hasta ahí todo lo que había construido iba a quedar sumergido.
-Papá, ya el agua se está metiendo en la casa- Dice el mayor de los dos muchachos.
Simón lo ignora mientras asegura las puertas. Pero el agua se metía por debajo las rendijas de madera y por entre las paredes.
-Papá vámonos de aquí que ya el agua está por los tobillos- Dice de nuevo el mayor, luego de 5 minutos.
-¿Se van a poner ustedes también de gallinas? Ustedes me avisan.
-Papá mire… El agua me llega a la rodilla en la cocina vámonos de aquí.
La situación se puso color de hormigas y ya todo el mundo estaba en el punto alto esperando un rescate. Cuando el agua iba ya por la cintura, pasa una pequeña yola por en frente de la casa cuan si fuera un caballo.
-¡Don Simooooooooon! Salga de ahí no sea usted pendejo.
Sin pensarlo salieron los tres sin decir una sola palabra. Y se montaron con el señor que los fue a rescatar. Llegaron a un punto seco y se fueron caminando hasta el tope donde estaban los demás.
Don Simón se arrodilló y comenzó a llorar como un niño y lo peor de todo es que tuvo que escuchar sin opinar cuando una señora dijo en voz alta:
-Tanta mierda que habla y tanto que se las da de ser el Mayimbe, el león del pueblo, la fiera humana… Míralo ahí llorando como una niña y aplastado en el piso como si fuera un mojón.
El momento
En ese momento tan degradante donde se hacía tan pequeño su existir, donde el vapor inundaba el pequeño contexto al que se reducía su existencia… Solo pensaba: Vamos que tú puedes, no eres el único que está pasando por esto.
Una gota mas de sudor acompañaba pensamientos extraños que embriagaban su mente y hacían que la situación sea más tensa, en donde surge la pregunta: ¿Y no hay nada para leer?
Han pasado varios minutos, ni tantos pero es tan agobiante la situación que le pide a Dios que aliviane su carga y le acompañe en esa travesía que pasaba de vez en cuando durante cada semana desde que tenía uso de razón. Mientras el personaje de esta historia sufría la decadente, degradante, desgarrante, atroz, espeluznante, escasa, vil y horripilante situación; el mundo giraba de lo más normal: Se oían niños en la cercanía jugando a la pelota, uno que otro perro ladraba, algún joven tenía la computadora encendida y se escuchaban los tenues sonidos del tecleo mezclado con las melodías de moda, una mariposa se asomaba en la ventana, la misma ventana que alojaba dos lagartos hambrientos en busca de alimentarse de la hilera de hormigas que intentaba ingresar a ese lugar donde lo peor le estaba pasando.
Podía sentir a cada segundo como su corazón seguía acelerándose, y su respiración se hacía cada vez más corta. No hablaba, solo pensaba y en realidad no había energía para eso. Todo se agotaba en ese momento: El momento.
Se oyen algunos pasos y la situación se torna aun más estresante.
-¡Gilberto Apúrate!- grita una señora, estremeciendo todo el momento.
-…
-¿Gilberto te moriste?
-…
-¡Gilberto coño, ya sé que estas ahí!
-…
-¡Gilberto Antonio! Si entro lo vas a lamentar.
-¡Coño mami, ni cagar uno puede tranquilo!- responde Gilberto desesperado.
-No, porque tú te lo buscas… Me tengo que bañar y tú por negligente sigues estreñido.
-¿Ah sí? ¿Quiere decir que yo quiero estar así verdad?
-La leche magnesia está entera encima de la nevera y no te has tomado la primera cucharada, ojalá y en vez de mierda cagues piedra.
Haló la cadena y todo vuelve a la normalidad. Gilberto prende un fósforo y sale cabizbajo diciéndole a su madre que le diera 5 minutos en lo que se evapora el fétido ambientador que tanto trabajo le costó al pobre muchacho.
