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Mostrando las entradas etiquetadas como Micro cuento

Manuscrito de Pésimo Penares

Estoy al borde de la demencia, pero, ¿en cuál borde? Recuerdo muy claramente que deje caer mis últimos 2 pesos en una acera y decidí liquidar la existencia en este vano mundo. De un callejón hice mi hogar, y de los basureros, mis restaurantes favoritos. Disfruto del olor fétido que despide mi cuerpo; principalmente mi cabello. Me regocijo cuando veo a los demás apartarse de mi existencia que solo espera la desgracia final. Mi profesión es esperar que el mundo se acabe como siempre lo han anunciado, desde el día en que cobre mi primera pinta de razón. Las rosas no guardan color alguno, pues hasta daltónico quedé cuando me dijo ella que nunca más regresaría a mi vivir. Un bueno para nada siempre fui y eso era lo que le gustaba; hasta que se dio cuenta que la vida es más que un roce de pieles e intercambio de fluidos marginados. Célibe y la parte… No he vuelto a ver una parte húmeda dispuesta a recibir mis mejores nostalgias y deseos… Ni siquiera yo mismo puedo con esta pena. Pero ...

El loco de la calle atraso

"En siendo leyendas urbanas y profecías profanas me las he inventado todas; y cuando digo todas, espero que con sus ojitos lo subrayen para que se les quede grabado que yo fui el autor. Les contaré como surgió todo este vaivén de novedades rumoradas a través de las décadas y quizás siglos. Esto comienza así: En mi época a los niños les gustaba escaparse al rio a bañarse, y este pasatiempo traía muchos contratiempos, pues los niños no inventan nada bueno y menos cuando andan escapados. en fin, yo lo hacía hasta que crecí y me convertí en el loco del pueblo, profesión que me honra y me enorgullece, pues me hace único ante todos los “normales”, gracias. Al ver que los padres estaban escandalizados por las famosas escapadas de sus hijos decidí contarle a la única mujer que me escuchaba, (y que la a vez pensaba que yo no estaba loco) la historia de “los indios de las aguas”. La hice prometer que no se lo diría a nadie “porque todos pensaban que estaba loco”; pero conociendo a la ...

Eterna calle

Siempre estaba con ella, su amiga fiel; la guitarra. Solía sentarse en el parque a tocar melodías olvidadas por las generaciones más antiguas, aun así, las tocaba con energía y fervor. Su barba sucia y descontrolada llamaba la atención de cualquier joven con aspiraciones a la vagancia y tendencia vagabundista, incluso poseía un club de fanáticos. Los más fieles seguidores que le llevaban una “chatica” de ron para que siguiera el pintoresco recital. Sombrero (que no podía faltar) con escasas monedas que le daba forzosamente para comprarse pan y agua. ¿Quién dijo que no se vivía de pan y agua? Falso; Luis (así se llamaba) si podía, pero había que darle alcohol. Sus amigas eran las palomas que bajaban a comer migajas a su alrededor; ojo, era él mismo quién se encargaba de buscarlas. Sus amigos eran los “palomos”, quienes se sentaban a escuchar sus tonadas para olvidar las penas que desde “fetos” enfrentaban. La noche era su más antiguo y adorado amor, razón por la cual siempre se dedic...

La silla del olvido

Una vez más me encuentro sentado en la misma silla donde tantas veces me senté a ver como el sol jugaba a esconderse y la luna salía a buscarlo. Solo una vez, pude ver como una estrella se fugó, cargando en su cola un millón de deseos de tantos ilusos que jugaron a la fantasía. La noche olía a pasado, adolescencia, rebeldía; olía al primer trago de ron y hasta al primer cigarrillo. Si el entorno olía a todo lo dicho, pues por supuesto tenía que oler al primer amor. En el horizonte llegue a ver una terraza, donde se bailaban viejos merengues que despertaron al adulto que dormía en mi cuerpo y que me incitaban a pegarme a la chica que me dijo un día poco común que mi vida seria para adorarla. ¿Cuánta gloria cabía en un solo ser? Su belleza era incomparable e incalculable, razón por la cual decidí soltar los caballos desbocados que permanecían en su corral y así como corrían, di mis más nobles e indomados sentimientos. Pestañé por un instante y sopló una brisa que traía consigo muchos...

La casa está sola

Parado en su ventana se sentía abrumado por todos los recuerdos que salían a jugar todos los días a la misma hora: 9:30 PM. -Papá, ¡eres el hombre más fuerte del mundo!- decía su hijo -Eres un hombre insoportable; aburrido, incapaz y egoísta- decía su esposa. ¡Mujer déjame en paz! – solía el gritar cuando ella comenzaba la incesante jornada de quejas y se iba a la barra más cercana a tomar whisky a las rocas hasta anestesiar un poco las heridas que le provocaba estar en su hogar; lugar que por una razón desconocida se había convertido en un infierno en los últimos meses. Todo solía ser muy bonito hasta que perdió su trabajo en una tarde de Agosto cuando su jefe, que tanto admiraba, le dijo: Lamentablemente no necesitamos de tus servicios, pasa a buscar tu cheque en 10 días. Él nunca se imagino que ese iba a ser el último cheque por un largo tiempo. Regó aplicaciones por toda la ciudad y busco la cuña de las mejores relaciones que había podido obtener como relacionador publico ...