El destino de La Botella

-Somos tú y yo. Te tomaré hasta el fondo, cuando no quede nada de ti, te lanzaré por el basurero.  Lo haré como lo hice hace unos días con ese demonio que me perseguía y me tocaba los talones mientras dormía, hasta que lo agarré con una daga de esas que usan para cazar vampiros; lo atravesé por el cuello y su líquido amarillo se evaporó mientras se derramaba. Cuando el acto se había consumado, lo metí en una funda y lo eché al basurero, a ese dónde irás a parar tú. – Dice el Sargento Castillo, como quien cuenta una historia de gloria.

La botella lo mira fijamente en tono temerario y le deja saber lo poco que le importa, porque ella es infinita y lo ha visto tantas veces hacer lo mismo en esa barra, y el buen idiota no se da cuenta que es ella misma quien vuelve y se aparece y lo pone a pensar en ese demonio que tantas veces le tocó los talones cuando su cama daba vueltas.

El Sargento Castillo tenía ya 17 años en el mismo rango y por las noches que tenía de libertad se bebía el sueldo que le daban los 25 de cada mes. Odiaba esas botellas y sus conversaciones con ellas eran ya un patrimonio de la barra; la gente se sentaba a mirar como el discutía con la botella mientras acababa hasta la última gota, luego no permitía que el camarero la retirara, pues él se daba el gusto de reventarla con el fondo del basurero.

Esa misma noche se terminaba ya el último trago y se decide a culminar su rutina, cuando de repente en el callejón estaban asaltando a una jovencita que no llegaba a los 20 años, y el ladrón vio al Sargento quien en seguida emprendió a socorrer a la víctima. Botella en mano se dirige a embestir a l malhechor, pero un charco de agua sucia (con olor a orina) se interpuso en el camino haciendo que nuestro borracho cayera de manera ridícula en medio de la escena.

El ladrón se fue espantado y la joven corrió dirección opuesta.  ¿Y la botella?...

La botella cogió impulso en el aire y aterrizó en la frente del Sargento, diciéndole:

-Por cosas como estas es que tienes tanto tiempo en el mismo sitio. Pero hoy mi historia cambia y mi destino es partirte la frente a ver si te dan de baja, ¡Basura!

Aspirantes, locos y mas locos

-Se supone que yo debí haber nacido en el 1809- Le dijo al señor que lo miraba estupefacto desde detrás de su escritorio.- Nací en Puerto Plata y me mude con mi familia al Seybo en el 1815, donde crecí y eché todos los pelos que tengo encima. Guapo desde la barriga de mi madre santa y le juro que he amolao mi machete para ese dia en que me llame el grupito de la capital pa peliá como un soldado de guerra.
Se supone que nací en el 1809 porque eso dicen mis papeles pero yo creo que naci antes de eso.
-¿En qué año estamos ahora?- le preguntan
-1841
-¿Qué mes?
-Abril.
-¿Día?
-06
-Correcto, dígame, ¿En qué se va a ir para su casa?
-¿Y esa pregunta? En mi caballo- dijo como si era obvio.
-¿Usted conoce a Juan Pablo Duarte?
-No personalmente, lo único que se es que él está armando un grupo que va a librarnos de la dominación. Uno del grupo va a venir pa’cá y me va a poner a pelear.
-Ok. Mira, páralo ahí. Tu problema no es tan serio como lo pintan tus hermanos que te trajeron hasta aquí. Solo tienes el año de tu calendario mal; incluso, el mes y el día me los diste correctamente. Como en tu mente estamos en el 1841, así mismo ves al mundo. Preteritirrocis: De eso padeces, nada grave. Solo al que te diga loco le dices que Duarte murió en la selva.
-¡¿Duarte Murió?!
-No… ¿Cómo crees?, pero tenemos que decir eso para confundir al enemigo. En esto no tienes aliados. Me tienes que prometer que a cualquiera que te pregunte por Duarte le dirás que él murió en la selva. Es más, déjame informarte que ese dato es confidencial; el mismísimo Juan Pablo me mandó a decírtelo.
-Ese tipo es un genio, ahora quiere confundir al enemigo- dijo el loco, confiado en su líder.
-No andes más a caballo. Tenemos que andar a pie, para que nadie sospeche. ¿Me entiendes? Son órdenes estrictas si quieres pertenecer al grupo de la capital.

-Entendido. Yo hago lo que sea, para luchar ahí.
-Por último todos los que pertenecen al grupo de Duarte tienen una clave.
-¿Cuál?
-Si te preguntan por el año dirás: dos mil nueve, 6 de abril de 2009. Y seguirás la fecha de ahí en adelante. Esa es la forma de demostrar que perteneces al círculo. Te sorprenderás de toda la gente que se sabe esta clave. Pero nadie comenta nada de lo que te acabo de mencionar.
-¿Es esto masonería?- Pregunta el loco sorprendido.
- Si. Y todos obedecen a no hablar.
- Entendido.
-Ya te puedes retirar. Dile a tu gente que te diste cuenta de que estabas equivocado y que te dije que volvieras la semana que viene para dar seguimiento a esta consulta.

A la semana regresa un hermano del loco muy contento al sicólogo:

-Solo quería darle las gracias por haber curado a mi hermano. Ya está ubicado del todo, no anda a caballo ni nada por el estilo además dice que sufre de preterí-something, so yo creo que todo estará alright.

-Mire. Su hermano está más loco que cuando vino y me niego a curarlo. Su locura por lo menos es patriótica y con fundamentos nobles. La suya es vana y progresiva si no se atiende a tiempo terminará cambiando el Dios, Patria y Libertad por “In God We Trust”. Su hermano déjelo ser, porque locos tienen que haber en el mundo para que sea mundo. Lamento admitir que por lo menos su hermano ya tiene un nombre de enfermedad que yo me inventé, pero la que usted padece carece de identidad y de nombre tal como usted y su forma de hablar, mezclando dos idiomas hasta crear tu propia jerga.

Y hágame el favor de salir de mi oficina, dominicano a medias, que tengo que seguir con la calculadora verificando como soluciono el lío de Baninter y la deuda externa.

El hermano del loco se retiró pensando que el doctor estaba más loco que su hermano y lo único que dijo al irse fue:

-Whatever.
 
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