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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Inés

Se preguntaba que estaba sucediendo y a donde iba a parar todo el tiempo perdido. Salió en busca de esa respuesta, a altas horas de la noche, cuando solo transitaban los taxis, borrachos, travestis, ladrones, drogadictos, mujerzuelas y espíritus. Entre callejones y avenidas se hizo parte de todos, infiltrándose cuan Mata Hari del siglo pasado. Seguía fija en su objetivo e incesante continuó su encomienda, moviéndose esta vez a un ambiente más sobrio; entre oficinistas, ejecutivos, jefes, clientes, compañeros de trabajo, salarios y horarios, dejando atrás sus andadas y adaptándose a su nuevo hábitat.  Seguía preguntándose sobre el tiempo perdido, necesitaba recuperarlo a como diera lugar. Aun recordaba cuando sus días estaba colmados de atenciones, amores y compromisos que desvanecieron cuando su amor la dejó arrebatándole su tiempo y su corazón. Trascurrió en un pestañeo la vida de los 18 a los 24, sin encontrar el tiempo perdido y como todas las muchachas de la época pensaba que

Otro

Caminando por el parque, aspirando el asfalto fresco, con un sol decadente anaranjado, decido tomar asiento y contemplar la gente recogerse. Veo como las casas se convierten en luciérnagas que irradian un calor tenue que se mezcla con sonidos que me hacen recordar las épocas que nunca viví, pero que las leí en algún libro viejo o vi en un filme de antaño. Mi botella se agotaba tal como la gente que pasaba por las calles, mientras un perro callejero se arrimaba a mi vera, no me sentía mal, ni nostálgico, ni triste, ni solo, ni feliz. En vez de eso me sentía aliviado, sin agenda, vacio, tranquilo, inquebrantable e imperturbable. Al silencio de la zona lo aderezaba una sutil melodía reconocida que fue interrumpida por un extraño de esos que parecen familiar pero no logras recordar su nombre, quien sin pedir permiso se sentó a mi izquierda diciendo: -Felices pascuas y próspero año nuevo. Yo pretendo no complicar las cosas con preguntas innecesarias y decido seguir la corriente.

Extraños en mi casa

“Todo empezó justo en el momento que salía de mi morada y percibía un ruido extraño mezclado con un olor parecido al estiércol, sin embargo nunca me detuve a buscar de donde provenía por la rapidez que impartía la rutina sobre mi vida. Al llegar la noche en mi ebriedad cotidiana apenas podía llegar a la cama para recobrar fuerzas para el día siguiente. Mientras dormía soñaba que alguien se paraba justo al frente de la cama y permanecía velando mi sueño mas no podía distinguir su físico, solo su presencia sombría, que se hacía cada vez más silente y tenebrosa, mas no sentía miedo por alguna razón. Puedo confesar que esa sensación duró mucho tiempo, quizás meses que se hacían más largos por su anormalidad, no se puede decir precisamente cuánto. Ya las paredes se sentían extrañas y hasta recuerdo que olvidé los cuadros y pinturas que estaban colgados en ella. Todo era muy extraño y solitario aparentemente. Con el tiempo dejé de consumir de esas cosas que me recetaba el médico para