Mi gente de Madera

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Inés

Se preguntaba que estaba sucediendo y a donde iba a parar todo el tiempo perdido. Salió en busca de esa respuesta, a altas horas de la noche, cuando solo transitaban los taxis, borrachos, travestis, ladrones, drogadictos, mujerzuelas y espíritus. Entre callejones y avenidas se hizo parte de todos, infiltrándose cuan Mata Hari del siglo pasado.
Seguía fija en su objetivo e incesante continuó su encomienda, moviéndose esta vez a un ambiente más sobrio; entre oficinistas, ejecutivos, jefes, clientes, compañeros de trabajo, salarios y horarios, dejando atrás sus andadas y adaptándose a su nuevo hábitat.  Seguía preguntándose sobre el tiempo perdido, necesitaba recuperarlo a como diera lugar.
Aun recordaba cuando sus días estaba colmados de atenciones, amores y compromisos que desvanecieron cuando su amor la dejó arrebatándole su tiempo y su corazón. Trascurrió en un pestañeo la vida de los 18 a los 24, sin encontrar el tiempo perdido y como todas las muchachas de la época pensaba que si a los 25 años no estaba casada o comprometida, ya sería irrecuperable.
 Sus amigas todas se casaron, algunas enviudaron, otras murieron y ella seguía buscando su precioso tiempo.
Hasta que por fin la encontré sentada en la mecedora que queda junto a la ventana del patio, hace ya 5 años. Recuerdo que lloraba inconsolable todos los días de 6 a 7 de la tarde, creo que su ánimo caía junto con el sol. Lourdes, quien la cuidaba, insistía en que me le acercara, y aunque tomó tiempo así lo hice, justamente a las 6:45 PM de uno de esos días tristes en el cual le presté mi pañuelo para secar sus lagrimas y me dediqué a escucharle día tras día, así sin darme cuenta también mi oficio se convirtió en darle cada beso que encontraba en cualquier instante o rincón.
No le devolví el tiempo que ella buscaba, porque es una tarea imposible, sin embargo, le entregué el amor que nunca antes pude dar y ella me dio del poco tiempo restante, porque como entenderán ella nunca pudo encontrar o vivir su tiempo perdido y a mí cuando me sobraba el tiempo no supe amar, hasta que la conocí.
Hablando del tiempo, les agradezco que hayan venido en este día triste, solo resta decir que nuestro asilo nunca será igual sin mi amada Inés.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Otro

Caminando por el parque, aspirando el asfalto fresco, con un sol decadente anaranjado, decido tomar asiento y contemplar la gente recogerse. Veo como las casas se convierten en luciérnagas que irradian un calor tenue que se mezcla con sonidos que me hacen recordar las épocas que nunca viví, pero que las leí en algún libro viejo o vi en un filme de antaño. Mi botella se agotaba tal como la gente que pasaba por las calles, mientras un perro callejero se arrimaba a mi vera, no me sentía mal, ni nostálgico, ni triste, ni solo, ni feliz. En vez de eso me sentía aliviado, sin agenda, vacio, tranquilo, inquebrantable e imperturbable.
Al silencio de la zona lo aderezaba una sutil melodía reconocida que fue interrumpida por un extraño de esos que parecen familiar pero no logras recordar su nombre, quien sin pedir permiso se sentó a mi izquierda diciendo:


-Felices pascuas y próspero año nuevo.


Yo pretendo no complicar las cosas con preguntas innecesarias y decido seguir la corriente.


-Igual a ti.


-Estas muy tranquilo, después de todo ha sido un año mixto. Lleno de altas y bajas ¿no?


-Parece que a todo el mundo le va igual. Pero si. – Dije sin mirar a mi interlocutor.


 - Si, pero tu caso es curioso. Rompiste la tradición que reinaba en tu vida por mucho tiempo, esa que tanto te preocupaba. Viste a los tuyos que se superaron, otros te abandonaron ¿recuerdas?, los otros siguen a tu lado adaptándose a tus impertinencias y tus despreocupaciones…

Ahora si abrí los ojos y di cara a quien me hablaba ¿Cómo puede que alguien me dé esa retrospectiva tan personal?, aun trataba de reconocerlo, pero no quería interrumpir su cuasi monólogo voluntario. Prosiguió:

-Descuida que a lo que muchos como yo llaman impertinencias y despreocupaciones, no son más que nuevas formas de abandono. Por eso te abandonaron muchos, los que entendieron se han podido quedar, porque te han entendido. La realidad es que yo no logro ni te quiero entender, por eso me he alejado de ti.
Extraño lo interrumpí porque creí que estaba confundiéndome con alguien mas.

-Disculpe caballero, pero creo que usted está confundiéndome con algún otro amigo, aunque confieso que ha atinado sorprendentemente.- Dije para aclarar la situación.


-No Jaime, no estoy confundido.


El extraño estaba en lo cierto, quizás no era tan extraño como yo creí.


-Dame un trago de eso que tomas y brindemos por tu salud, por la vida, por lo que has dejado, por lo que has superado, por quienes abandonaste, por quienes te abandonan, por los que te entienden, por los que no… ¡Coño! démonos un trago porque te dejo viendo más triunfos que perdidas y eso es positivo.


Le di un trago a pico de botella y dijimos ¡Salud!


-Disculpa mi falta de memoria, no te recuerdo y aun así pareces que me has seguido de cerca. ¿Quién eres? - Decido ser sincero para dar a notar mi agrado.

-¿Qué hora es? – Me preguntó despistando mi cuestión. - Me voy a las 12.

Le respondí que eran las 11:59 PM y un destello de luz acompañado de estruendos me distrajo. Los fuegos artificiales pintaron en el cielo un “FELIZ 2012” repleto de colores y papelitos.
Cuando iba a proseguir con la conversación me di cuenta que quien me acompañaba había desaparecido, dejando en mi una extraña sensación y miré hacia todas partes sin lograrlo divisar. Justo donde estaba sentado encontré un papel que decía:


“Adiós. Cuídate mucho, ámate un poco más cada día, se agradecido y déjate querer”.

Doblé el papel y lo guardé en mi bolsillo de la camisa.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Extraños en mi casa

“Todo empezó justo en el momento que salía de mi morada y percibía un ruido extraño mezclado con un olor parecido al estiércol, sin embargo nunca me detuve a buscar de donde provenía por la rapidez que impartía la rutina sobre mi vida. Al llegar la noche en mi ebriedad cotidiana apenas podía llegar a la cama para recobrar fuerzas para el día siguiente.
Mientras dormía soñaba que alguien se paraba justo al frente de la cama y permanecía velando mi sueño mas no podía distinguir su físico, solo su presencia sombría, que se hacía cada vez más silente y tenebrosa, mas no sentía miedo por alguna razón.
Puedo confesar que esa sensación duró mucho tiempo, quizás meses que se hacían más largos por su anormalidad, no se puede decir precisamente cuánto. Ya las paredes se sentían extrañas y hasta recuerdo que olvidé los cuadros y pinturas que estaban colgados en ella. Todo era muy extraño y solitario aparentemente.
Con el tiempo dejé de consumir de esas cosas que me recetaba el médico para algo que me acongojaba, si mal no recuerdo eran dolores de cabeza, pero el mismo olor con la misma energía lo sentía cada vez más cerca mas no podía parar; hasta un día.
Ese día me quedé adrede y me hice el enfermo, decidí no salir y explorar en mi habitación y luego el resto del lugar. Revisé debajo de mi cama y no hallé nada, lo mismo en el closet, el baño… Los pasillos.
Llegué a una habitación que no visitaba, de esas que se quedan abandonadas, oscuras pero esta vez el olor se hacía más denso. Decido prender la luz y de mi ser se apoderaron los temores más recónditos que puede sentir el alma, al ver a un señor con una barba tupida y despeinada, cabello largo, envuelto en harapos, con la mirada fija a mis ojos, que estaba sentado abrazando sus piernas mientras se mecía de lado a lado, quien al verme emprendió la huida despavorido y salió por la puerta. Desmayé.
Grata fue mi sorpresa cuando desperté y entendí que todo fue un sueño de esos extraños que suelo tener, Salí de casa y todo estaba bien hasta que llegué y encontré al mismo señor, pero esta vez acompañado de gente con la mirada perdida, que aplaudían y cantaban, excepto uno que tenía camisa de fuerzas y un bozal, pararon cuando me vieron entrar. Desmayé nuevamente y hasta ahí recuerdo.


¿A que se deben doctor esta clase de sueños?”


El doctor miró a un colega mientras firmaba la extensión obligatoria del tratamiento y la estadía en el sanatorio mientras decía:


Creo que debería tomarse estas pastillas a ver si se calma.